Hay historias que parecen imposibles de conectar. El deporte, sin embargo, tiene esa capacidad extraordinaria de reunir mundos opuestos. De un lado, Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia de los Andes, símbolo de resistencia humana y de supervivencia extrema. Del otro, Alejandro Puccio, jugador del CASI e integrante de una de las organizaciones criminales más impactantes de la historia argentina. Dos nombres unidos por una cancha. Dos destinos completamente antagónicos atravesados por el mismo deporte. Y en el medio aparece una pregunta inevitable: ¿cómo puede el rugby, asociado tantas veces a valores como el compañerismo, el sacrificio y la solidaridad, contener historias tan distintas?
Ese fue el eje de una nueva mesa de reflexión impulsada por LA GACETA, en la que el periodista Alejandro Duchini y Gustavo Frías Silva aportaron miradas profundamente humanas sobre un dilema que excede al deporte y se mete de lleno en la condición humana. Pero, entre todas las voces, hubo un relato que atravesó la conversación de manera emocional: el viaje de Frías Silva al lugar de la tragedia de los Andes.
Desde una herida
Frías Silva explicó que la historia del vuelo de los Andes lo atrapó desde niño. En 1972, mientras recién comenzaba a jugar al rugby, la tragedia ya ocupaba un lugar especial en su imaginario. Con el tiempo llegaron los libros, las conferencias de sobrevivientes y una fascinación que nunca desapareció. Leyó “La sociedad de la nieve”, “Viven” y numerosos textos vinculados a la tragedia. Escuchó a Nando Parrado y a Antonio Vizintin. Pero había algo más profundo detrás de esa obsesión: una necesidad emocional que recién muchos años después entendería.
Canessa y Puccio, el duelo del héroe y el canallaEn 2018, su vida quedó atravesada por dos golpes devastadores. Un cuñado murió en un accidente aéreo y, apenas siete días después, otro falleció por un problema cardíaco. Él estaba lejos de Tucumán y no pudo acompañar a sus hermanas en ese momento. Ese vacío quedó abierto durante años.
Por eso, cuando en diciembre de 2022 se organizó una expedición especial por los 50 años de la tragedia, sintió que tenía que ir. Su esposa fue quien terminó de impulsarlo. “Es algo pendiente que tenés que hacer”, le repetía. Y fue.
El silencio de los Andes
La travesía no fue solamente física. Fue emocional, espiritual y hasta existencial. Frías Silva contó que llegar al lugar exacto donde estuvieron los sobrevivientes produce algo imposible de explicar completamente con palabras. Después de dos días caminando por la cordillera, el impacto aparece de golpe. “El silencio”, resumió. Eso fue lo primero que sintió al llegar.
Un silencio absoluto, aplastante, que obliga a detenerse y mirar hacia adentro. Un silencio que, según relató, conmueve incluso a quienes no son creyentes. “Iban más de 20 personas y todos se callaron automáticamente”, recordó.
Allí, en medio de la nieve, entendió la dimensión real de lo que habían vivido los sobrevivientes. El hambre, el frío, la desesperación, la muerte alrededor. Pero también la voluntad de vivir.
Canessa y Puccio: dos destinos frente al mismo espejoY fue entonces cuando apareció una reflexión que conecta directamente con el dilema Puccio-Canessa. Porque mientras Canessa simboliza la solidaridad llevada al extremo (la decisión de sobrevivir y salvar a otros), Puccio representa la degradación moral más oscura. Dos caras humanas nacidas dentro de un mismo universo social y deportivo. El rugby como espacio de encuentro, pero también como espejo brutal de las contradicciones humanas.
El deporte, reflejo social
Duchini tomó esa idea y la llevó más lejos. Para el periodista, el hallazgo del cruce entre Canessa y Puccio funciona casi como una novela perfecta. “El deporte junta a todos”, explicó. Buenos y malos. Ricos y pobres. Personas solidarias y criminales. Héroes y villanos.
Por eso consideró tan poderosa la imagen de ambos compartiendo una cancha de rugby sin saber todavía todo lo que representarían después para la historia argentina.
Duchini analizó además la famosa frase de Albert Camus: “Todo lo que sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. En este caso, trasladada al rugby. Según el periodista, el deporte sigue siendo uno de los pocos lugares donde todavía conviven todas las clases sociales, todas las ideologías y todos los mundos posibles. Un escenario donde la sociedad se refleja tal cual es.
“No hay diferencias sociales en el deporte. Grandes boxeadores salieron de las villas, muchos futbolistas crecieron sin recursos y hoy también pasa en el rugby. Ese viejo mito de que el rugby es un deporte exclusivo de clases altas ya quedó viejo: los clubes podrán haber nacido en determinados sectores sociales, pero los jugadores ya no vienen necesariamente de cunas de oro. Y justamente por eso el caso Canessa-Puccio resulta tan impactante: porque el deporte termina siendo un escenario donde se cruzan personas completamente antagónicas”, reflexionó.
Por eso el caso Canessa-Puccio genera tanta fascinación: porque obliga a preguntarse cuánto influyen los valores del deporte en las personas y cuánto depende finalmente de las decisiones individuales.
La energía del lugar
Para Frías Silva, la respuesta apareció en la montaña. Aseguró que estar en el sitio de la tragedia le permitió dimensionar sus propios dolores y entender que muchos de los dramas cotidianos se vuelven pequeños frente a experiencias límite como la de los sobrevivientes. Habló incluso de una “energía” especial. “Es como si los espíritus de quienes murieron siguieran ahí”, describió.
Durante horas, el grupo permaneció en silencio, rezando o simplemente contemplando la inmensidad de la cordillera. Algunos desde la fe; otros desde la emoción pura.
El rol del rugby en el dilema Canessa-PuccioEn ese momento, el viaje dejó de ser solamente una experiencia vinculada al rugby o a la historia de los Andes. Pasó a convertirse en una búsqueda personal. Una forma de cerrar un duelo. Una manera de sanar.
Y quizás ahí aparece la diferencia más profunda entre Canessa y Puccio: qué hace cada ser humano con el dolor, con el miedo y con la vida que le toca atravesar. Porque mientras uno transformó el horror en solidaridad y servicio, el otro terminó asociado a una de las historias criminales más oscuras del país.
Dos destinos nacidos en un mismo universo. Dos caminos completamente distintos. Y una misma pregunta que sigue atravesando al deporte y a la sociedad: qué parte de nosotros aparece realmente cuando la vida nos lleva al límite.